lunes, 18 de octubre de 2010

Crítica / Santos solo hay en el cielo (novela)

Tengo muchos pendientes por leer, por lo que recién acabo de terminar de leer la novela “Santos solo hay en el cielo” de uno de los mejores discípulos (aunque esto sea discutible) del reciente premio Nobel Vargas Llosa. Alberto Soto ha logrado una muy buena primera novela, aunque no sea “La ciudad y los perros” ha logrado una novela sorprendentemente redonda, que logra dibujar un círculo temporal perfecto, con un mecanismo de relojería suiza, no parece sobrarle ni faltarle nada a la historia tal y como está contada, cuenta con momentos realmente conmovedores como el momento en el cual José María, el personaje principal, entra en locura o cuando se ve de pronto filosofando sobre sus amoríos, todos aparentemente posibles, pero ninguno con final feliz. Alberto Soto me logró sorprender con su exquisito manejo del lenguaje callejero, plasmado en el personaje de Gonzalo, no suena vulgar, tampoco suena surfer, es una mezcla que logra plasmar un particular lenguaje a un personaje con vida propia. Otro punto a favor del autor resulta la originalidad, cuando parece que el amor es un tema agotado, Alberto Soto demuestra que siempre hay un nuevo espacio para una historia de amor bien contada, una historia sin muchas particularidades, llanto, decepción, pasión, sexo, desengaños, etcétera, pero con una originalidad en el lenguaje que la hacen atractiva y divertida, que no se ve mermada, más bien complementada, con citas de las muchas lecturas del autor. El humor de Soto es plasmado en muchos pasajes memorables. Mención aparte merecen los capítulos “Trípode” que se intercalan a los capítulos de la novela, son complicados para un lector despistado, pero interesantes para uno acucioso, y el final, que me pareció de lejos, lo mejor de la novela, es un golpe de realidad en medio de tanta ficción, es el aguijón venenoso del escorpión, te deja helado, ni siquiera si ahora lo contara dejaría de sorprender al lector, incluso si releyera ahora la novela me sorprendería, pues no es solo lo que ocurre, sino como está contado, con lujo en los detalles, te deja pensando, dudoso con ganas de releer para enterarte qué ocurrió finalmente, carajo ¿este tipo murió o no?.
Por otro lado hay cosas criticables, como la forma en la que utiliza el sexo, una cosa es erotismo y otra cosa es pornografía, Soto no hace erotismo, hace pornografía barata, ¿Por qué? Yo tengo mis teorías, el sexo genera morbo, el morbo vende, o puede que (esto no me consta pero lo percibo por los posts de su blog) el sexo este muy enraizado en la vida del escritor. Otra cuestión decepcionante es la excesiva ligereza de algunos capítulos que se muestran muy superficiales, esperaba menos ligereza de parte de un autor que es uno de los principales críticos de la novela ligera, su ligereza no me llegó a aburrir como normalmente ocurre, pero me decepcionó viniendo de Soto. Otra cosa que pudo ser mejor fue que se pudo explotar más los sentimientos del personaje principal, daba para más, Soto explota bien al personaje de Maryorie y al personaje de Martín, pero José María se queda corto, eso aumenta la ligereza, es un personaje muy caliente que actúa fríamente por momentos. Tengo entendido que Soto viene escribiendo su segunda novela, la primera, sin ser fuera de serie, da para darle una segunda oportunidad.

miércoles, 13 de octubre de 2010

PUCP

Soy alumno de la Pontificia Universidad Católica del Perú hace cuatro años y más de una vez he estado en desacuerdo con la actual administración, aunque en muchas ocasiones también he resaltado sus aciertos. El problema que hoy enfrenta parece ser el más duro que haya tenido que afrontar la ya mencionada administración comandada por Marcial Rubio Correa y Jorge Avendaño entre otros. Hay sin duda muchas opiniones encontradas, cuando solamente hay una verdad y cuestiones fácticas e irrefutables. Soy ateo y no soy yo quien concuerde con el Cardenal Cipriani precisamente, pero me temo que esta vez la razón lo acompaña. Las cosas son como sigue, Riva agüero dejo muchos testamentos fragmentados, pero el valido, como lo afirmaría cualquier persona con un mínimo conocimiento de derecho, es el último y lo que este indica es que le deja la propiedad a la institución que Cipriani representa. Piña a los que no les guste, la verdad a mi tampoco me gusta mucho la idea de que el pollerudo asuma las riendas de la PUCP pero las cosas como son y al Cesar lo del Cesar. Muchos se han pronunciado a favor de Rubio Correa y este se defiende con uñas y dientes junto a su abogado Avendaño, que por cierto ya no es el mismo abogado brillante de antes. Muchos, incluso el mismo Vargas Llosa se ha pronunciado a favor de Rubio, pero no son objetivos. Concuerdo con que la actual administración viene haciendo las cosas regularmente bien, pero es como si al señor Rubio le dejaran una herencia a su nombre y otros digamos que mejor se la den a su hermano menor por que este sabe administrar mejor el dinero. No se puede hacer eso, un poquito de serenidad.

jueves, 7 de octubre de 2010

Justicia literaria

Lo esperé por muchos anos, desde que tengo uso de razón soy amante de la lectura, pero desde que tengo corazón soy amante de la literatura de Vargas Llosa. No solo es mi maestro, así como el de otros de mi generación como Alberto Soto y Daniel Hernández, es maestro de muchos en los que ha influido directa o indirectamente, es maestro de todos aquellos a los que ha logrado convencer con sus ideas libertarias y convertirlos a su religión vargasllosiana, es maestro de las letras y del lenguaje, ese lenguaje que agradece ser enriquecido a cada momento de lectura. Por fin, en un acto de justicia literaria, se le otorgó el Premio Nobel de literatura, me da mucha flojera postear seguido, pero esto no se me podía pasar por alto.